¡TODO EMPEZÓ CON UNA MUÑECA!

Hay diseñadoras que descubren su vocación en la universidad. Alba Morote la descubrió mucho antes, en el suelo de su habitación, con una Barbie en las manos y una imaginación sin límites.
Vestidos cosidos a mano. Libros y revistas inventados de cero. Cada muñeca, una marca en potencia. Lo que parecía un juego era ya diseño en estado puro.
Pero si Barbie siempre fue su referente, no era solo por la estética. Era por algo más profundo: a Barbie la juzgaban por fuera —rubia, guapa, superficial, decían— sin ver que ella podía ser lo que quisiera. Alba entendía eso mejor que nadie. Rubia, bajita, dulce a primera vista... y con un carácter que siempre ha sorprendido a quienes la subestimaron. Lo que de pequeña algunos llamaban "ser una mandona", ella siempre supo que era otra cosa: dotes de liderazgo.
Años después, ese mismo impulso dio nombre a su estudio. Bárbara, como la muñeca que encendió la chispa. Bárbara, como esa expresión que se escapa cuando algo te deja sin palabras: ¡Qué Bárbara!
